miércoles, 10 de noviembre de 2010

La vida monástica - El ideal monástico

Un monasterio benedictino es, fundamentalmente, una escuela de vida contemplativa.
Para el monje es vida contemplativa aquélla en la que se da prioridad y preferencia al ejercicio de la oración.
La oración, porque es el modo más adecuado de llegar al conocimiento y a la unión con Dios.
Un conocimiento en fe y por obra del amor, con todo el fervor de una vivísima esperanza.
El ideal monástico está, pues, en la búsqueda de Dios y de solo Dios. Directamente. A Dios en sí mismo y por Cristo Jesús, que es el mediador entre Dios y los hombres.
Un ideal puro de vida cristiana. Esto se llama vivir hondamente el propio bautismo.


El monje
Es un hombre que se agarra a Cristo como a la auténtica realidad de su vida.
Por tres veces lo dice san Benito:
“Nada anteponer al amor de Cristo” (Reg. cap. IV).
“Los que nada estiman tanto como Cristo” (cap. V).
“Nada absolutamente prefiera a Cristo” (cap. LXXII).
La vida de todos los cristianos debe afirmarse en Cristo Jesús. Es cristiano quien vive en Cristo. Quien ha llegado a convencerse de que Cristo es su vida.
Pero ese apoyo debe ser aún más necesario, diríamos que más exigente y total, más exclusivo, para un alma contemplativa.
Su relación se hace muy personal, muy directa, íntima.
Cristo está ante él en todos los actos, en todos los momentos de su vida.
Y en el cumplimiento total de su santa voluntad.
El monje sigue a Cristo en su obediencia.

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